Miércoles Santo. Masiva procesión del Silencio que llenó las calles y abarrotó la Plaza Galería de imágenes en el interior de Rafael Torres
Masiva procesión del Silencio que llenó las calles y abarrotó la Plaza
Galería de imágenes en el interior de Rafael Torres
Masiva procesión del Silencio que llenó las calles y abarrotó la Plaza
Galería de imágenes en el interior de Rafael Torres
Masiva procesión del Silencio que llenó las calles y abarrotó la Plaza
Galería de imágenes en el interior de Rafael Torres
Un cortejo que a medida que avanzaba iba sumando imágenes y hacía lo propio con el público con el máximo exponente en una Plaza Mayor abarrotada y donde la devoción y la pasión por la Semana Santa de Cuenca volvió a desafiar a las bajas temperaturas.
El tiempo acompaña y la masiva participación de los cofrades tiene su espejo en el público que desde primera hora tomaba posiciones frente a San Esteban para intentar coger el mejor sitio para ver cómo los primeros pasos salían y tomaban las posiciones. En esta ocasión el cortejo partía de la parte baja y las imágenes la Oración del Huerto luciendo unos estandartes más brillantes que nunca tras la limpieza a la que fueron sometidas, y El Prendimiento con una imagen restaurada por Mar Brox y con nuevas almohadillas, comenzaban la subida camino de El Salvador.
Desde allí se incorporaban Nuestra Señora de la Amargura con San Juan sumando fieles, multiplicando el color, elevando al infinito la belleza de la procesión. Con nueva iluminación de bombillas y dos nuevos cetros de plata gracias a la donación de los hermanos.
Pocos metros después el recorrido ponía a prueba la destreza de los banceros para sortear la angustiosa curva de las calles Solera y El Peso para con presteza comenzar el ascenso por Alfonso VIII donde se daban un baño de multitudes preludio de lo que les esperaba en la plaza.
El paso de las imágenes bajo los arcos del Ayuntamiento llenaba de emoción los miles de personas que con el alma en la mano esperaban y contenían la respiración con el retumbar de las horquillas en el suelo. La luz de las pantallas de los móviles para inmortalizar el momento acompaña las tulipas dando esplendor al momento.
Momento de descanso y de encuentro. La parte alta del cortejo se sumaba a la procesión con la llegada de San Pedro, La Negación y el Ecce Homo de San Miguel que momentos antes habían partido de la iglesia de San Pedro.
Si la salida de los templos conmueve a sus hermanos, la salida desde la Catedral de la Santa Cena lo hacía con todos los presentes que desfilaba este año acompañada de la Sagrada Cena de Mota del Cuervo, y luciendo la estrenada corona de Jesús donada por la familia Celada Ayllón, según informaba la JdC.
Comenzaba entonces un descenso con la luz del sol ocultándose frente a la ciudad comenzaba a oscurecerse y la temperatura caía rápidamente pues los cielos despejados dan paso con rapidez a cambios bruscos en las temperaturas que no desanimaron al público.
La música, tan impecablemente interpretada por las distintas bandas, forma parte de este Silencio y con sus acordes acompañando a las imágenes como la pieza compuesta por Pablo Martínez Valiente para el Ecce Homo que sonaba este Miércoles Santo por primera vez.
Con la procesión en su máximo esplendor el cortejo se estira uniendo la parte alta con la baja y sus ecos resuenan por toda la ciudad. El centro volvía a llenarse de fieles. Las aceras repletas de gente armada con paciencia para ver pasar uno a uno los pasos.
Con forme llegaban a sus respectivos lugares de recogimiento el silencio se hacía aún mayor para ver cómo se despedían y volvían el recogimiento de los templos. El resto seguía de nuevo ascendiendo con menor seguimiento, pero con los ánimos intactos para cerrar un desfile de El Silencio que volvió a gritar con fuerza la Pasión Conquense.
Un cortejo que a medida que avanzaba iba sumando imágenes y hacía lo propio con el público con el máximo exponente en una Plaza Mayor abarrotada y donde la devoción y la pasión por la Semana Santa de Cuenca volvió a desafiar a las bajas temperaturas.
Cuenca enmudecía a medida que se acercaba la hora señalada como si toda la ciudad se preparara para la procesión que precede a los días grandes. No por ello es la hermana menor pues el Silencio es una de las más aclamadas dentro y fuera de la capital.
El tiempo acompaña y la masiva participación de los cofrades tiene su espejo en el público que desde primera hora tomaba posiciones frente a San Esteban para intentar coger el mejor sitio para ver cómo los primeros pasos salían y tomaban las posiciones. En esta ocasión el cortejo partía de la parte baja y las imágenes la Oración del Huerto luciendo unos estandartes más brillantes que nunca tras la limpieza a la que fueron sometidas, y El Prendimiento con una imagen restaurada por Mar Brox y con nuevas almohadillas, comenzaban la subida camino de El Salvador.
Desde allí se incorporaban Nuestra Señora de la Amargura con San Juan sumando fieles, multiplicando el color, elevando al infinito la belleza de la procesión. Con nueva iluminación de bombillas y dos nuevos cetros de plata gracias a la donación de los hermanos.
Pocos metros después el recorrido ponía a prueba la destreza de los banceros para sortear la angustiosa curva de las calles Solera y El Peso para con presteza comenzar el ascenso por Alfonso VIII donde se daban un baño de multitudes preludio de lo que les esperaba en la plaza.
El paso de las imágenes bajo los arcos del Ayuntamiento llenaba de emoción los miles de personas que con el alma en la mano esperaban y contenían la respiración con el retumbar de las horquillas en el suelo. La luz de las pantallas de los móviles para inmortalizar el momento acompaña las tulipas dando esplendor al momento.
Momento de descanso y de encuentro. La parte alta del cortejo se sumaba a la procesión con la llegada de San Pedro, La Negación y el Ecce Homo de San Miguel que momentos antes habían partido de la iglesia de San Pedro.
Si la salida de los templos conmueve a sus hermanos, la salida desde la Catedral de la Santa Cena lo hacía con todos los presentes que desfilaba este año acompañada de la Sagrada Cena de Mota del Cuervo, y luciendo la estrenada corona de Jesús donada por la familia Celada Ayllón, según informaba la JdC.
Comenzaba entonces un descenso con la luz del sol ocultándose frente a la ciudad comenzaba a oscurecerse y la temperatura caía rápidamente pues los cielos despejados dan paso con rapidez a cambios bruscos en las temperaturas que no desanimaron al público.
La música, tan impecablemente interpretada por las distintas bandas, forma parte de este Silencio y con sus acordes acompañando a las imágenes como la pieza compuesta por Pablo Martínez Valiente para el Ecce Homo que sonaba este Miércoles Santo por primera vez.
Con la procesión en su máximo esplendor el cortejo se estira uniendo la parte alta con la baja y sus ecos resuenan por toda la ciudad. El centro volvía a llenarse de fieles. Las aceras repletas de gente armada con paciencia para ver pasar uno a uno los pasos.
Con forme llegaban a sus respectivos lugares de recogimiento el silencio se hacía aún mayor para ver cómo se despedían y volvían el recogimiento de los templos. El resto seguía de nuevo ascendiendo con menor seguimiento, pero con los ánimos intactos para cerrar un desfile de El Silencio que volvió a gritar con fuerza la Pasión Conquense.
Un cortejo que a medida que avanzaba iba sumando imágenes y hacía lo propio con el público con el máximo exponente en una Plaza Mayor abarrotada y donde la devoción y la pasión por la Semana Santa de Cuenca volvió a desafiar a las bajas temperaturas.
Cuenca enmudecía a medida que se acercaba la hora señalada como si toda la ciudad se preparara para la procesión que precede a los días grandes. No por ello es la hermana menor pues el Silencio es una de las más aclamadas dentro y fuera de la capital.
El tiempo acompaña y la masiva participación de los cofrades tiene su espejo en el público que desde primera hora tomaba posiciones frente a San Esteban para intentar coger el mejor sitio para ver cómo los primeros pasos salían y tomaban las posiciones. En esta ocasión el cortejo partía de la parte baja y las imágenes la Oración del Huerto luciendo unos estandartes más brillantes que nunca tras la limpieza a la que fueron sometidas, y El Prendimiento con una imagen restaurada por Mar Brox y con nuevas almohadillas, comenzaban la subida camino de El Salvador.
Desde allí se incorporaban Nuestra Señora de la Amargura con San Juan sumando fieles, multiplicando el color, elevando al infinito la belleza de la procesión. Con nueva iluminación de bombillas y dos nuevos cetros de plata gracias a la donación de los hermanos.
Pocos metros después el recorrido ponía a prueba la destreza de los banceros para sortear la angustiosa curva de las calles Solera y El Peso para con presteza comenzar el ascenso por Alfonso VIII donde se daban un baño de multitudes preludio de lo que les esperaba en la plaza.
El paso de las imágenes bajo los arcos del Ayuntamiento llenaba de emoción los miles de personas que con el alma en la mano esperaban y contenían la respiración con el retumbar de las horquillas en el suelo. La luz de las pantallas de los móviles para inmortalizar el momento acompaña las tulipas dando esplendor al momento.
Momento de descanso y de encuentro. La parte alta del cortejo se sumaba a la procesión con la llegada de San Pedro, La Negación y el Ecce Homo de San Miguel que momentos antes habían partido de la iglesia de San Pedro.
Si la salida de los templos conmueve a sus hermanos, la salida desde la Catedral de la Santa Cena lo hacía con todos los presentes que desfilaba este año acompañada de la Sagrada Cena de Mota del Cuervo, y luciendo la estrenada corona de Jesús donada por la familia Celada Ayllón, según informaba la JdC.
Comenzaba entonces un descenso con la luz del sol ocultándose frente a la ciudad comenzaba a oscurecerse y la temperatura caía rápidamente pues los cielos despejados dan paso con rapidez a cambios bruscos en las temperaturas que no desanimaron al público.
La música, tan impecablemente interpretada por las distintas bandas, forma parte de este Silencio y con sus acordes acompañando a las imágenes como la pieza compuesta por Pablo Martínez Valiente para el Ecce Homo que sonaba este Miércoles Santo por primera vez.
Con la procesión en su máximo esplendor el cortejo se estira uniendo la parte alta con la baja y sus ecos resuenan por toda la ciudad. El centro volvía a llenarse de fieles. Las aceras repletas de gente armada con paciencia para ver pasar uno a uno los pasos.
Con forme llegaban a sus respectivos lugares de recogimiento el silencio se hacía aún mayor para ver cómo se despedían y volvían el recogimiento de los templos. El resto seguía de nuevo ascendiendo con menor seguimiento, pero con los ánimos intactos para cerrar un desfile de El Silencio que volvió a gritar con fuerza la Pasión Conquense.
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